El intenso azul del Cantábrico se funde con el verde de las montañas que descienden hasta el litoral, formando en Gipuzkoa una costa salpicada de playas urbanas y salvajes, puertos con sabor marinero, marismas de gran interés ecológico y abruptos acantilados que esconden curiosas formaciones geológicas. Desde Mutriku hasta Hondarribia, los 86 kilómetros de litoral ofrecen la posibilidad de practicar diversos deportes de agua, tierra y aire, pasear por cascos históricos con encanto o degustar suculentos pescados cocinados a la brasa en los restaurantes de los puertos pesqueros.
El monte Jaizkibel (545 m), que preside el extremo oriental de Gipuzkoa, se asienta junto al mar entre las bahías de Pasaia y Txingudi. En esta última, se levanta una de las villas más bellas del territorio: Hondarribia, destino turístico veraniego indiscutible ubicado muy cerca de la frontera francesa. Además de una hermosa playa, posee un espléndido casco histórico, presidido por el castillo de Carlos V, hoy en día convertido en parador. Es todo un placer perderse por sus preciosas calles empedradas y conocer su barrio de pescadores 'La Marina' con sus pintorescas casas adornadas de flores de todos los colores.
No muy lejos, asentada alrededor de la inconfundible bahía de La Concha, Donostia-San Sebastián cuenta con tres magníficas playas, un excepcional paseo marítimo, una parte vieja animada, edificios señoriales y una oferta gastronómica que se adapta a todos los paladares. No es de extrañar que la alta sociedad eligiera a la capital de Gipuzkoa como su ciudad de veraneo allá por el siglo XIX.
Costa occidental, sencillamente salvaje
Zarautz es, sin ninguna duda, otro de los pueblos más importantes de la costa guipuzcoana, tanto por su entorno como por el interés turístico que despierta. Su playa, la más extensa de Gipuzkoa, es muy famosa -un paraíso para los surfistas- pero también los es el patrimonio histórico que atesora, con monumentos como la iglesia parroquial de Santa María la Real, el palacio de Narros o Torre Luzea. Otra de las visitas obligadas en esta ruta es Getaria, cuna del navegante Juan Sebastián Elcano y el modisto Cristóbal Balenciaga, donde podremos degustar su txakoli (vino blanco con denominación de origen) o el pescado asado en las parrillas que se encuentran en plena calle. Continuamos hacia Zumaia; su trazado medieval lo hace especial y los acantilados que se elevan en sus alrededores nos brindan la oportunidad de realizar agradables paseos.
Cerca de la frontera con Bizkaia, nos toparemos con Deba y Mutriku, otros dos grandes tesoros que esconde el litoral guipuzcoano. Deba ha sido escenario de ciertos hallazgos prehistóricos, como por ejemplo, las cuevas de Ekain en 1969. Mutriku, por su parte, fundada a principios del siglo XIII, conserva vestigios de las antiguas murallas, casas-torre y palacios de notable interés artístico, así como el puerto más antiguo del Cantábrico.
Valles del interior
Villas monumentales jalonadas por notables edificios y templos; ferrerías y salinas que nos evocan tiempos pasados; espacios naturales con elevadas cimas; y núcleos rurales salpicados de caseríos que conviven, en ocasiones, con zonas industriales. Son sólo algunos de los atractivos de tres comarcas que gozan de personalidad propia: Tolosaldea y las zonas altas de las cuencas del Urola y Deba forman parte de la Gipuzkoa verde, que a su vez también es monumental, rural e industrial.
Siguiendo el curso del río Oria y bajo la inconfundible silueta del Txindoki (1.346 m) se asienta Tolosaldea, una de las comarcas que mejor ha conservado las tradiciones culturales y folklóricas vascas junto con Goierri. Su cabecera, Tolosa, fue capital de Gipuzkoa durante algún tiempo, y, en la actualidad, es conocida por su incesante actividad cultural -con certámenes internacionales de masas corales y marionetas- por su tradición en la fabricación de boinas y por haber conservado unos carnavales especialmente populares. Tampoco podemos olvidarnos de sus especialidades resposteras, ni de los mercados y ferias con productos de temporada que se celebran tanto en la villa como en toda la zona. Y es que esta comarca también se caracteriza por su amplia oferta gastronómica: son de sobra conocidas las alubias de Tolosa, las guindillas de Ibarra, la sidra y las chuletas de carne vacuno, etc. Más hacia el interior, merece la pena perderse por pequeños pueblos rurales, como Amezketa o Abaltzisketa, rodeados de un entorno natural idílico.
Los valles del Urola y Deba
Lo rural y lo urbano conviven desde hace siglos en la zona alta de la cuenca del Urola. En el denominado Valle del Hierro, formado por las localidades de Zumarraga, Urretxu, Legazpi y Ezkio-Itsaso, fueron numerosas las ferrerías, presas, molinos... que surgieron a orillas del río Urola. Hoy en día, esa cultura del hierro se ve reflejada en la ferrería Mirandaola de Legazpi, a través de la cual se muestra el antiguo hacer de los artesanos ferrones. La actividad pastoril y agrícola también tuvo su importancia, tal y como se aprecia en el Ekomuseo del Pastoreo -también ubicado en Legazpi- y en el Caserío Igartubeiti de Ezkio-Itsaso.
Pero el interior de Gipuzkoa es, ante todo, monumental. Nos encontramos en plena tierra ignaciana y la conocida Ruta de los Tres Templos permite conocer al visitante tres joyas del románico, el barroco y la vanguardia: la ermita de La Antigua en Zumarraga, la basílica de Loiola en Azpeitia y finalmente, cambiando de valle, el santuario de Arantzazu en Oñati, situado a los pies del parque natural de Aizkorri. Es precisamente esta última localidad uno de los principales atractivos del Alto Deba, pues cuenta con numerosos ejemplos arquitectónicos que van desde el gótico de la iglesia de San Miguel hasta el bellísimo renacentismo de la Universidad de Sancti Spiritus.
Bergara es otra interesante villa monumental. En su casco histórico se suceden las casas solariegas, las iglesias y varios edificios históricos, como el que en su día acogió el Real Seminario, punto de referencia del mundo científico en el siglo XVIII. En el extremo más meridional de Gipuzkoa, Leintz-Gatzaga, vinculada tradicionalmente a la producción de la sal, conserva aún varias puertas de entrada a la villa, pues antiguamente fue paso importante del camino real que conducía a Castilla. Merece la pena pasear por las calles de su casco histórico o visitar el Museo de la Sal, ubicado en las antiguas instalaciones utilizadas durante siglos para la producción del 'oro blanco'.
Goierri
Se trata de un destino que merece la pena visitar para conocer a fondo el verdadero palpitar de Gipuzkoa, pues la comarca de Goierri se considera el corazón del territorio histórico. Está compuesta por 18 municipios, y limita tanto con Álava como con Navarra.
En Goierri se unen lo urbano y lo rural, ya que además de un profundo desarrollo industrial, sus habitantes han sabido mantener intacta la riqueza histórica de la comarca. Por lo tanto, los bellos paisajes naturales se funden con las grandes empresas e industrias.
La localidad de Ordizia puede ser un precioso punto de partida de nuestro viaje. Es muy conocida por la feria que se celebra todos los miércoles; se lleva organizando desde 1512 y se ha especializado en productos agrícolas y ganaderos de los baserritarras de la zona. Después, nos trasladaremos a Beasain para conocer el Conjunto Monumental de Igartza, formado por un palacio, una ermita y otros edificios dignos de ser visitados. Para completar este recorrido cultural, es interesante conocer el patrimonio que alberga Lazkao, con preciosos monasterios en su haber.
Espacios naturales de gran belleza: Aralar y Aizkorri
Respecto a la naturaleza, la sierra de Aralar, con el monte Txindoki (1.346 m.) como telón de fondo, cuenta con un fascinante relieve, con grandes elevaciones calizas, bonitos ríos y manantiales, una rica vegetación y fauna, además de tradiciones cargadas de mitos y leyendas; todos estos elementos no pueden más que cautivar al visitante. Lo mismo sucede con el Parque Natural de Aizkorri. Si nos adentramos en sus senderos, nos encontraremos con la legendaria cueva de San Adrián, y descubriremos, a su vez, la antigua calzada romana.
Además, para conocer a fondo las características de esta comarca, debemos visitar municipios como Idiazabal, que destaca por su queso de renombre internacional, Segura y Zerain. Para poner el colofón final a esta excursión, pasaremos por Ormaiztegi, donde merece la pena visitar el museo histórico Zumalakarregi.
Donostia-San Sebastián
A orillas del mar Cantábrico y rodeada de verdes montes, Donostia-San Sebastián cuenta con un embelesador paisaje que cautiva a todo aquel que decide visitar esta ciudad. Es la capital del territorio histórico de Gipuzkoa y uno de los principales centros culturales y turísticos de Euskadi.
La imagen más conocida de la ciudad es, sin duda, la hermosa bahía en forma de concha que protege el mar. Desde allí, podemos dar un agradable paseo hasta el final de la playa de Ondarreta y admirar el Peine del Viento, la imponente escultura del artista Eduardo Chillida. Asimismo, los palacios Miramar y Kursaal, el Boulevard o el río Urumea son algunas de las señas de identidad de la ciudad, dotando a la capital de un aspecto señorial. Al adentrarnos en el centro, la catedral del Buen Pastor se alza ante nuestra mirada; se trata de un templo centenario de estilo neogótico, y sus 75 metros de altura lo hacen visible desde muchos puntos de la ciudad.
La parte vieja, corazón de la ciudad
La parte vieja, situada a los pies del monte Urgull, es un rincón encantador cuyas calles forman un núcleo realmente acogedor. En la parte central, se halla la plaza de la Constitución, con balcones enumerados que recuerdan que antaño fue un coso taurino. Al atardecer y durante los fines de semana, mucha gente acude a las animadas calles de la parte vieja, salpicadas de comercios, bares y restaurantes, para disfrutar de su exquisita gastronomía, con todo tipo de sabores, aromas y texturas. Tras degustar los típicos pintxos, podemos dar un paseo por los jardines de Alderdi Eder, y también por la plaza Gipuzkoa situada en el ensanche de la ciudad.
La agenda de Donostia-San Sebastián está repleta de diversas actividades durante todo el año. El Festival de Cine Internacional es uno de los eventos más importantes de la ciudad, en el que actores y directores de todo el mundo se dan cita para disfrutar del mejor cine. Tampoco podemos olvidar el Festival Internacional Jazz, que es una cita ineludible para los amantes de este género musical.
El calendario festivo se inaugura el 20 de enero, día de San Sebastián, patrón de la ciudad. En la víspera, en la plaza de la Constitución, se calientan motores con la tradicional izada de la bandera de la ciudad al son de la marcha del compositor Raimundo Sarriegi. La fiesta se prolonga durante todo el día y el sonido de los tambores inunda la capital donostiarra. Asimismo, hemos de destacar otras dos fiestas; en verano, la semana grande donostiarra, con sus espectaculares fuegos artificiales, y en invierno, la festividad de Santo Tomás, donde es posible degustar la tradicional txistorra en los numerosos puestos que encontraremos en las calles.